Un hombre sin rumbo en la Corea de los años 90
La historia comienza en 1988, en Seúl, Corea del Sur. Oh Dae-su es un hombre ordinario y mediocre, empleado de oficina, casado y padre de una hija pequeña. La noche en que celebra el cumpleaños de su hija, aparece en una comisaría completamente borracho, causando un escándalo y siendo retenido por la policía. Su amigo Joo-hwan acude a recogerlo y lo saca de allí, pero en el breve momento en que Joo-hwan se detiene en una cabina telefónica para hacer una llamada, Oh Dae-su desaparece sin dejar rastro. A partir de ese instante, su familia no vuelve a saber nada de él. Poco después se anuncia que su esposa ha sido asesinada, y Oh Dae-su es señalado como sospechoso principal. Su hija, huérfana y sin padre, es entregada en adopción a una familia en Suecia.
Oh Dae-su no ha huido ni cometido ningún crimen. Ha sido secuestrado.
El encierro: quince años entre cuatro paredes
Oh Dae-su despierta en una habitación que imita la apariencia de una habitación de hotel barata, sin ventanas, sin posibilidad de contacto con el exterior. No conoce a sus captores, no comprende el motivo de su encierro y nadie le explica nada. Durante los siguientes quince años permanece recluido en ese espacio, completamente aislado del mundo. Su única conexión con el exterior es un televisor, a través del cual se entera de que ha sido acusado del asesinato de su esposa y de que su hija ha sido adoptada. La culpa, la rabia y la impotencia lo consumen durante años.
El encierro, sin embargo, transforma a Oh Dae-su. Lo que comienza como un estado de desequilibrio mental y desesperación se convierte gradualmente en una obsesión fría y disciplinada. Se ejercita sin descanso, aprende a pelear golpeando las paredes, llena cuadernos con listas de personas a las que ha podido ofender a lo largo de su vida, buscando entre sus recuerdos la identidad de quien lo tiene preso. También intenta suicidarse en varias ocasiones, sin éxito. Con el tiempo, el deseo de venganza se convierte en el único motor que lo mantiene vivo.
En 2003, quince años después de su desaparición, Oh Dae-su es liberado tan abruptamente como fue capturado. Aparece en la azotea de un edificio, vestido con ropa nueva, con una maleta que contiene dinero y un teléfono móvil. No sabe por qué lo soltaron, igual que nunca supo por qué lo encerraron.
El antagonista y el verdadero planteamiento del conflicto
Poco después de su liberación, Oh Dae-su conoce a Mi-do, una joven chef que trabaja en un restaurante de sushi. Entre ambos surge una atracción inmediata e intensa que evoluciona rápidamente hacia una relación romántica y sexual. Mi-do, conmovida por la situación de Oh Dae-su, decide ayudarlo en su búsqueda de respuestas.
La investigación de Oh Dae-su lo conduce finalmente hasta su captor: Lee Woo-jin, un hombre joven, extraordinariamente rico y elegante, que resulta ser un compañero de colegio de Oh Dae-su. Lee Woo-jin no actúa movido por un impulso irracional ni por una venganza simple. Su motivación es el resultado de un trauma específico y calculado con precisión durante décadas. En el colegio, Oh Dae-su descubrió que Lee Woo-jin mantenía una relación incestuosa con su hermana Lee Soo-ah, y aunque él no lo contó intencionadamente, el rumor se extendió. Lee Soo-ah, incapaz de soportar la vergüenza pública, acabó suicidándose. Lee Woo-jin culpa a Oh Dae-su de la muerte de su hermana, a quien amaba de forma obsesiva, y ha dedicado su vida entera a construir una venganza elaborada y devastadora.
Lo que Oh Dae-su ignora en este punto, y que el espectador tampoco conoce todavía en su totalidad, es que el verdadero alcance del plan de Lee Woo-jin va mucho más allá del simple encierro. El antagonista no ha buscado únicamente castigar a Oh Dae-su encerrándolo: ha diseñado una trampa psicológica cuya pieza central es la propia liberación de su víctima. Lee Woo-jin ha manipulado cada aspecto de la vida de Oh Dae-su desde las sombras, incluyendo el encuentro con Mi-do, con un propósito preciso y devastador que constituye el núcleo de toda la historia.
El conflicto central de Oldboy no es, por tanto, la búsqueda de un secuestrador, sino una partida en la que Oh Dae-su cree estar jugando para descubrir la verdad, sin saber que las reglas, el tablero y el resultado final han sido escritos de antemano por su adversario.
