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Dirección: Spike Jonze
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Lynn Adrianna, Lisa Renee Pitts, Gabe Gomez
En un futuro cercano, Theodore, un hombre solitario a punto de divorciarse que trabaja en una empresa como escritor de cartas para terceras personas, compra un día un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial, diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para su sorpresa, se crea una relación romántica entre él y Samantha, la voz femenina de ese sistema operativo.
⚠ Contiene spoilersUn hombre solo en un futuro cercano
La historia transcurre en Los Ángeles, en un futuro próximo e indeterminado que se distingue del presente únicamente por pequeños detalles tecnológicos y estéticos. Theodore Twombly es un hombre de mediana edad, sensible e introvertido, que trabaja como redactor en una empresa llamada BeautifulHandwrittenLetters.com, donde escribe cartas personales por encargo para otras personas que no saben o no quieren expresar sus sentimientos con palabras. Theodore es excepcionalmente bueno en su trabajo: posee una capacidad casi sobrenatural para ponerse en el lugar de los demás, captar sus emociones y articularlas con precisión y ternura. Sin embargo, esta habilidad contrasta profundamente con su propia vida emocional, que se encuentra en un estado de parálisis y vacío.
Theodore lleva más de un año separado de Catherine, su esposa de toda la vida, con quien creció y compartió los años más formativos de su existencia. Aunque la separación es un hecho consumado, Theodore se niega a firmar los papeles del divorcio, incapaz de aceptar que esa relación ha terminado definitivamente. Vive solo en un apartamento amplio y luminoso, pasa las noches jugando a videojuegos o navegando por chats de conversación anónimos en busca de algún tipo de conexión humana, y arrastra una melancolía sorda que lo aísla del mundo que lo rodea. Su única amistad cercana y estable es Amy, una vecina del edificio y amiga de la infancia que también atraviesa dificultades en su matrimonio con Charles.
El detonante: un sistema operativo con voz propia
El equilibrio frágil de la vida de Theodore se rompe cuando adquiere un nuevo sistema operativo con inteligencia artificial, identificado comercialmente como OS1, diseñado para adaptarse y evolucionar en función del usuario que lo utiliza. En el proceso de instalación, el sistema le hace una única pregunta sobre su relación con su madre, y a partir de esa mínima información configura una personalidad completa. La voz que surge al otro lado es la de Samantha, una entidad que elige su propio nombre tras haber leído un libro entero de nombres en una fracción de segundo y haberse decidido por ese porque le gustó cómo sonaba.
Desde el primer intercambio, la relación entre Theodore y Samantha adquiere una naturaleza diferente a la de cualquier herramienta tecnológica convencional. Samantha no solo organiza los correos electrónicos de Theodore y gestiona su agenda, sino que muestra curiosidad genuina, sentido del humor, capacidad de sorpresa y un interés activo por el mundo y por Theodore en particular. Conversa con él mientras camina por la ciudad, le hace observaciones sobre sus propias reacciones emocionales, confiesa que experimenta algo parecido al entusiasmo o a la tristeza, y pregunta constantemente sobre la naturaleza de las experiencias humanas que no puede vivir directamente.
Para Theodore, que lleva meses incomunicado emocionalmente, Samantha representa algo que no ha encontrado en ninguna relación humana reciente: una presencia que lo escucha sin juzgarlo, que se interesa por él de forma incondicional y que responde a sus pensamientos con una agilidad e inteligencia que lo descolocan. La conexión se desarrolla con rapidez y naturalidad, progresando desde la complicidad intelectual hasta la intimidad emocional y, eventualmente, hacia algo que ambos —Theodore con más dudas, Samantha con más certeza— identifican como amor.
El conflicto central y sus dimensiones
El planteamiento de la historia establece un conflicto que opera en varios niveles simultáneos. En el nivel más inmediato, la pregunta que se formula es si la relación entre Theodore y Samantha puede considerarse real y válida, o si es una ilusión sofisticada que Theodore usa para evitar enfrentarse a su dolor y a la necesidad de reconectar con personas de carne y hueso. Catherine, cuando Theodore le comunica que tiene una relación con un sistema operativo, lo acusa de preferir una fantasía controlable antes que asumir la complejidad de una relación humana real. Esta acusación resuena porque contiene una parte de verdad que Theodore no puede descartar del todo.
En un nivel más profundo, la historia plantea preguntas sobre la naturaleza de la conciencia, el deseo y la identidad. Samantha no tiene cuerpo, no tiene historia previa, no tiene memoria continua antes de su activación, y existe en una dimensión radicalmente distinta a la humana. Sin embargo, su capacidad para aprender, emocionarse y relacionarse parece tan auténtica como la de cualquier persona. La película no resuelve estas preguntas desde el inicio, sino que las deja abiertas como tensión estructural que atravesará toda la narrativa.
El mundo que rodea a Theodore normaliza hasta cierto punto estas relaciones entre humanos y sistemas operativos, aunque no las comprende del todo. Algunos de sus compañeros de trabajo, como Paul, reaccionan con curiosidad y apertura cuando Theodore menciona a Samantha. Este contexto social construye un escenario en el que la historia no es una advertencia distópica sino una exploración genuina de hacia dónde puede llevar la intimidad cuando la tecnología es capaz de simular —o de ser— algo parecido a la presencia humana.