
El viaje de Chihiro
千と千尋の神隠し
Dirección: Hayao Miyazaki
Reparto: Rumi Hiiragi, Miyu Irino, Mari Natsuki, Takashi Naito, Yasuko Sawaguchi
Durante el traslado de su familia a los suburbios, una niña de 10 años de edad deambula por un mundo gobernado por dioses, brujas y espíritus, y donde los humanos se convierten en bestias.
⚠ Contiene spoilersUn nuevo comienzo que se tuerce
Chihiro Ogino es una niña de diez años que viaja con sus padres, Akio y Yūko, hacia su nuevo hogar. La familia se desplaza en coche cargado de pertenencias, y Chihiro aparece desde el primer momento como una chica malhumorada, asustada ante el cambio y aferrada a un ramo de flores de despedida que le han regalado sus amigas. No quiere mudarse, no quiere cambiar de escuela y no oculta su disgusto. Ese estado de resistencia infantil al cambio define su punto de partida: es una niña ordinaria, algo caprichosa y cobarde según sus propias palabras, que no ha desarrollado aún ninguna capacidad especial para enfrentarse al mundo.
Durante el trayecto, Akio toma un camino equivocado y la familia acaba deteniéndose ante un túnel de piedra rodeado de vegetación. A pesar de la incomodidad de Chihiro, sus padres deciden explorarlo. Al otro lado del túnel se abre un espacio aparentemente abandonado: una antigua ciudad de atracciones deshabitada, con puestos de comida llenos de manjares que nadie parece haber tocado en años. Akio y Yūko, fascinados y sin prevención alguna, comienzan a comer de los alimentos expuestos sin pedir permiso ni pagar. Chihiro, inquieta, se niega a hacerlo y sigue explorando por su cuenta. Es entonces cuando conoce brevemente a Haku, un misterioso chico de cabello oscuro que le advierte con urgencia de que debe cruzar el río y marcharse antes de que caiga la noche. Chihiro corre a buscar a sus padres, pero ya es demasiado tarde: ambos se han transformado en cerdos como castigo por haber consumido la comida de los espíritus sin permiso.
El mundo de los espíritus y sus reglas
Con la llegada de la oscuridad, el lugar se transforma radicalmente. La antigua ciudad de atracciones cobra vida como un bullicioso balneario frecuentado por dioses, espíritus y criaturas sobrenaturales de toda índole. Chihiro, aterrorizada y sola, descubre que su propio cuerpo comienza a volverse transparente: está desapareciendo porque los seres humanos no tienen lugar en ese mundo sin un nombre y un propósito que los ancle a él.
Haku reaparece y la guía. Le da de comer comida de ese mundo para detener su desvanecimiento y le explica la situación con claridad: está en el mundo de los espíritus, sus padres han sido convertidos en cerdos por Yubaba, la bruja que gobierna el balneario conocido como Aburaya, y la única manera de que Chihiro pueda rescatarlos y regresar al mundo humano es conseguir trabajo en ese establecimiento. Sin un empleo, Yubaba tiene el poder de transformar a los intrusos humanos en animales o de hacerlos desaparecer.
Yubaba es una anciana de enormes proporciones y carácter despótico que dirige el Aburaya con mano de hierro. Su motivación principal es el poder y la acumulación de riqueza; controla a sus trabajadores robándoles sus nombres, lo que les hace perder la memoria de su identidad y los ata a su servicio de forma indefinida. Su contraparte más moderada dentro del establecimiento es Lin —también llamada Rin—, una trabajadora humana o semihumana que se convierte en la primera aliada de Chihiro dentro del balneario y quien le enseña los rudimentos de cómo sobrevivir allí.
Haku, por su parte, trabaja también para Yubaba como aprendiz de hechicero y actúa como mano derecha de la bruja, aunque su lealtad real es ambigua desde el principio. Muestra una familiaridad con Chihiro que va más allá de ese primer encuentro: en algún momento del pasado se conocieron, aunque Chihiro no conserva el recuerdo. Esta conexión no explicada todavía se convierte en uno de los hilos argumentales que la historia irá desarrollando.
El contrato y la pérdida del nombre
Chihiro consigue finalmente llegar ante Yubaba y, siguiendo el consejo de Haku, le exige trabajo con una determinación que sorprende a la bruja. Según las reglas del mundo de los espíritus, Yubaba está obligada a dar empleo a quien se lo solicite con suficiente insistencia. La anciana accede, pero impone su condición habitual: arrebata a Chihiro su nombre. Mediante un contrato mágico, extrae las letras del nombre de la niña y se las guarda. A partir de ese momento, Chihiro pasa a llamarse Sen, el nombre que Yubaba ha decidido otorgarle.
Haku advierte a Chihiro en privado de que no debe olvidar nunca su nombre verdadero, porque si lo olvida completamente, jamás podrá regresar al mundo humano. Esa advertencia establece el conflicto central de la historia: Chihiro debe conservar su identidad, rescatar a sus padres —encerrados en una pocilga junto a otros cerdos sin que recuerden quiénes son— y encontrar la manera de salir del mundo de los espíritus, todo ello mientras trabaja en el Aburaya bajo la vigilancia de Yubaba y rodeada de seres que no comprenden ni aceptan la presencia de una niña humana entre ellos.