Un mundo en decadencia
Los Ángeles, noviembre de 2019. La ciudad es un laberinto de rascacielos iluminados por neón, lluvia perpetua y humo industrial. La superpoblación y la contaminación han transformado el planeta en un lugar inhóspito, hasta el punto de que la mayoría de quienes pueden permitírselo han emigrado a colonias espaciales situadas fuera de la Tierra. Los que permanecen son los que no tienen otra opción: pobres, enfermos, inadaptados. En las calles conviven culturas mezcladas en un caos multicultural donde el inglés ha absorbido palabras de docenas de idiomas. Las pantallas gigantes publicitan las bondades de una nueva vida en el espacio exterior, mientras abajo, en el suelo, la decadencia se extiende sin remedio.
En este contexto existe la Corporación Tyrell, un gigante tecnológico responsable de la creación de los replicantes: seres artificiales biológicamente idénticos a los humanos, fabricados para trabajar en condiciones extremas en las colonias. Los replicantes de última generación, el modelo Nexus-6, son físicamente superiores a los humanos y poseen una inteligencia equivalente o superior a la de sus creadores. Por esta razón, su presencia en la Tierra está terminantemente prohibida. Para controlar cualquier posible incursión, existe un cuerpo especial de policía: los Blade Runners, agentes entrenados para detectar y retirar —eufemismo oficial para matar— a los replicantes que cruzan ilegalmente el límite terrestre.
Rick Deckard y el caso que no puede rechazar
Rick Deckard es un Blade Runner retirado. Cuando la película comienza, lleva tiempo alejado del servicio activo, hastiado de un trabajo que consiste esencialmente en ejecutar seres que, desde fuera, son indistinguibles de los humanos. Es un hombre solitario, cínico y emocionalmente agotado, que subsiste en un apartamento desordenado en las plantas bajas de la ciudad, lejos del brillo artificial de los pisos superiores.
Su antiguo supervisor, el capitán Bryant, lo localiza y lo obliga a retomar el servicio bajo amenaza implícita. El detonante del conflicto es la fuga de un grupo de seis replicantes Nexus-6 que han escapado de una colonia exterior, matado a varios humanos durante el proceso y logrado infiltrarse en la Tierra. Cuatro de ellos han sido localizados en Los Ángeles. Bryant encarga a Deckard su identificación y eliminación. Deckard no tiene capacidad real de negarse.
Los cuatro replicantes fugitivos son Roy Batty, su compañera Pris, y otros dos, Zhora y Leon. Roy Batty es el líder del grupo: carismático, extremadamente inteligente y físicamente formidable. Su motivación no es el caos ni la destrucción por placer, sino algo mucho más concreto y trágico: los replicantes Nexus-6 tienen una vida útil programada de cuatro años, un límite de seguridad impuesto por Tyrell para evitar que desarrollen respuestas emocionales demasiado complejas. Roy y sus compañeros están próximos a ese límite. Han venido a la Tierra en busca de su creador, el doctor Eldon Tyrell, con la esperanza de que pueda extender su vida. No son monstruos que huyen por instinto: son seres conscientes que no quieren morir.
El test de Voight-Kampff y la duda sobre lo humano
Para familiarizar al espectador con los mecanismos del mundo, la película introduce tempranamente el test de Voight-Kampff, una prueba de empatía diseñada específicamente para distinguir replicantes de humanos. Los replicantes, aunque físicamente perfectos, carecen de una historia emocional vivida, lo que provoca respuestas fisiológicas ligeramente distintas ante estímulos diseñados para evocar reacciones empáticas. La prueba mide dilatación pupilar, ritmo cardíaco y otras respuestas involuntarias.
Deckard visita las instalaciones de la Corporación Tyrell para familiarizarse con las especificaciones del modelo Nexus-6 y aplica el test a una joven llamada Rachael, a quien inicialmente cree que es simplemente la ayudante del doctor Tyrell. Sin embargo, el test revela que Rachael es en realidad una replicante, aunque de un tipo especial: Tyrell le ha implantado recuerdos artificiales tomados de su propia sobrina, lo que hace que Rachael no sepa que es una replicante. Cree genuinamente que sus memorias son reales. Tyrell la ha creado como experimento para comprobar si los implantes de memoria permiten un mayor control emocional en los replicantes.
Este encuentro siembra la semilla del conflicto más íntimo de la película: si un ser tiene recuerdos, sentimientos y la convicción subjetiva de ser humano, ¿qué lo diferencia realmente de una persona? La pregunta afecta a Rachael, pero también, de forma que se irá revelando progresivamente, al propio Deckard. La investigación policial que debe llevar a cabo tiene, desde el principio, una dimensión filosófica que va mucho más allá de la simple caza y captura.