Casablanca en tiempos de guerra: el escenario y sus habitantes
El año es 1941, y la ciudad de Casablanca, en el protectorado francés de Marruecos, se ha convertido en un punto de tránsito desesperado para miles de refugiados europeos que huyen de la ocupación nazi. La ruta habitual conduce de Europa a Casablanca, y de allí a Lisboa, desde donde es posible embarcar hacia América. Sin embargo, obtener los documentos necesarios para salir de Casablanca es extraordinariamente difícil, y la ciudad bulle con traficantes, espías, funcionarios corruptos y desterrados sin esperanza que aguardan un visado que quizás nunca llegue. La administración francesa de Vichy, colaboracionista con la Alemania nazi, controla la ciudad bajo la tutela directa de oficiales alemanes.
En este ambiente de tensión y corrupción prospera el Rick Blaine (Humphrey Bogart), un ciudadano estadounidense de pasado misterioso que regenta el Rick's Café Américain, el local más popular de Casablanca. El café es un punto de encuentro para todo tipo de personajes: jugadores, refugiados, oficiales franceses y alemanes, traficantes de visados y espías de diversas naciones. Rick se presenta desde el principio como un hombre de profundo cinismo, que afirma no comprometerse con ninguna causa y no arriesgarse por nadie. «No me la juego por nadie», declara en una de sus primeras frases, estableciendo así la máscara que lleva puesta. Sin embargo, pequeños detalles revelan que en el pasado fue un hombre de ideales: combatió junto a los republicanos en la Guerra Civil española y traficó armas en Etiopía contra la invasión italiana, siempre del lado de los oprimidos.
El detonante: la llegada de Ilsa y Laszlo
La noche en que se pone en marcha la trama, el capitán Louis Renault (Claude Rains), prefecto de policía de Casablanca y hombre pragmático que sirve a quien manda pero guarda un fondo de decencia, advierte a Rick de que aquella noche llegará al café un huésped muy especial: Victor Laszlo (Paul Henreid), célebre líder de la resistencia checa, buscado por la Gestapo en toda Europa. Laszlo ha escapado dos veces de campos de concentración y representa para los nazis una prioridad política de primer orden. El mayor Heinrich Strasser (Conrad Veidt), oficial de las SS destinado en Casablanca, ha viajado expresamente para impedir que Laszlo consiga abandonar el territorio.
Esa misma noche, Victor Laszlo entra en el Rick's Café acompañado de su esposa, Ilsa Lund (Ingrid Bergman). En cuanto el pianista del local, Sam (Dooley Wilson), ve a la mujer, su rostro refleja un reconocimiento inquieto. Ilsa le pide que toque «As Time Goes By», una canción que Sam se resiste a interpretar. Cuando Rick acude a reprocharle que haya tocado esa melodía, ve a Ilsa por primera vez en años y su compostura se quiebra de golpe.
A través de una serie de flashbacks ambientados en París, el espectador descubre la historia que une a Rick e Ilsa. En la primavera de 1940, ambos vivieron un apasionado romance en la ciudad antes de que los alemanes la tomaran. Planeaban huir juntos en tren, pero en el último momento Ilsa no apareció en la estación, dejando únicamente una nota en la que le decía que no podía acompañarle y que nunca volviera a buscarla. Rick partió solo, destrozado, sin entender los motivos del abandono. Ese dolor no resuelto es el que ha modelado el cinismo y el hermetismo emocional que exhibe en Casablanca.
El conflicto central queda así planteado con precisión: Rick posee dos cartas de tránsito robadas —documentos que permiten viajar sin restricciones a cualquier destino— que podrían sacar a Laszlo de Casablanca. Laszlo las necesita con urgencia para continuar su labor en la resistencia. Pero la presencia de Ilsa lo complica todo: Rick debe decidir si ayuda a la causa por la que antes habría dado su vida, si se venga del abandono que sufrió reteniendo los papeles, o si escucha lo que Ilsa tiene que decirle sobre lo que ocurrió realmente en París. El triángulo amoroso y el dilema moral quedan establecidos desde los primeros compases de la historia.